Especial Stranger Things I
- 11 nov 2017
- 4 min de lectura
Hace un par de semanas llegó a Netflix la segunda temporada al completo de Stranger Things, esa serie que revolucionó inesperadamente las redes hace más de un año.

El éxito de Stranger Things fue una sorpresa para todos, pero nos recordó lo que la nostalgia puede hacer. Con una estética muy conseguida, ambientada en los Estados Unidos de los ochenta, la serie tiene numerosas referencias tanto al cine de Spielberg como a novelas de Stephen King, así como a otros iconos de la década, y recupera una trama que había quedado algo olvidada: personas normales a las que les suceden cosas increíbles.
Con esta segunda temporada, los hermanos Duffer han conseguido recuperar el efecto que crearon el verano de 2016; han sabido seguir explotando la melancolía de los espectadores sin repetirse en exceso. Volvemos a Hawkins, dónde presenciamos cómo Will intenta adaptarse a la rutina después de su aventura en el Mundo Del revés junto a Mike, Dustin y Lucas, pero no consigue dejar atrás su experiencia.

Una de las historias que se van desarrollando simultáneamente a lo largo de la temporada es la de Dustin, quién encuentra una “larva” en un contenedor de basura y decide quedárselo a pesar de no reconocer su especie. Previsiblemente se trata de una cría de demogorgon que va creciendo y rebelándose contra Dustin para finalmente huir al bosque. Dustin y Steve (en seguida volvemos con él) van en su búsqueda para descubrir que no es solo uno, sino que varios demogorgon en crecimiento invaden el bosque de Hawkins y trazan un plan para acabar con ellos.
Mientras tanto, Will es poseído por el Monstruo Sombra y sigue teniendo visiones del Mundo del Revés, además de sentir todo lo que el Monstruo Sombra siente. Acaba ingresado en el laboratorio dónde le acompaña Mike; y es allí donde se encuentran cuando los demogorgon deciden atacar el edificio, acabando con todo aquel que se pone por delante.
Y hablando de muertes a manos del demogorgon, hablamos de Bob, el novio de Joyce, dulce y un poco patético, en cuya muerte la serie se recrea de forma casi innecesaria. Bob muere en el penúltimo capitulo, y mientras que los demogorgon dejan a sus víctimas casi intactas (herida mortal aparte), en Bob se entretienen mucho más tiempo, dramatizando, quizá en exceso, su muerte.
Once regresa, al parecer tras haber estado durante meses al cuidado del Sheriff Hopper, quien la tiene oculta en una cabaña en el bosque. Sin embargo, el esperado reencuentro entre el grupo y la chica no se produce hasta el final de la temporada. Mientras, vemos como la chica al principio se conforma con la vida que el Hopper le ofrece; pero luego, en un brote de rebeldía decide huir en busca, primero de su madre y más tarde de su “hermana”, 8, otro experimento del laboratorio. Así descubrimos que se llama Jane, que no es huérfana como le habían hecho pensar y que no es única, algo que nos adelantaba la primera escena de la temporada.
El episodio 7 ha sido considerado por algunos espectadores como innecesario para la trama, y aunque no aporta nada realmente a la historia de Hawkins, resulta imprescindible para entender la evolución de Once. Al huir a Chicago, la chica descubre que está deseando probarse a si misma, y al principio parece que se va a entregar por completo a la busca y captura de los culpables de su rapto cuando era un bebé, en compañía de Kali (8). Pero gracias a esta aventura, Once descubre que su lugar está en Hawkins y regresa, oportunamente a tiempo de participar en la lucha final contra el Monstruo Sombra.
Por otro lado, la relación de Nancy y Steve pronto pasa a la historia, dando paso a Jonathan que deja un poco atrás su timidez en esta temporada. Y mientras Nancy y Jonathan inician su relación, descubrimos en el personaje de Steve un “niñero” perfecto. Tiene un desarrollo similar al de la primera temporada, apareciendo en los primeros capítulos como egocéntrico y arrogante, algo insoportable, pero más tarde demostrando al público que en realidad es un buen chico, leal y valiente.
Nancy y Jonathan emprenden una campaña para acabar con el laboratorio de una vez por todas y lo hacen de forma que Nancy parece redimirse en parte de la culpa que siente por la muerte de Barb, culpa que causa en parte su ruptura con Steve. Mientras consiguen eso, casualmente nadie puede avisar a Jonathan de que su hermano Will está hospitalizado.
Destaca el teléfono de los Byers, que acaba roto una vez más, y el bate de Steve, ambos recuperados de la primera temporada, junto con el homenaje a los Cazafantasmas, de quienes se disfrazan Mike, Will, Dustin y Lucas en Halloween.
Lo sorprendente de la segunda temporada de Stranger Things es que hayan conseguido seguir jugando con la melancolía y la nostalgia que provoca la estética de los ochenta sin agotar al espectador. Mantiene la misma línea con respecto a la trama de ciencia ficción, pero con un toque clásico. Los protagonistas siguen sin ser especiales o con un talento singular (excepto Once, por supuesto). Recuperan la idea de que lo que les sucede a ellos le podría pasar a cualquiera. No hace falta ser un agente especial o un superhéroe, la gente corriente también puede vivir aventuras extraordinarias.








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